Gracias por tus buenos ojos

Estamos leyendo “How to be a woman (Cómo ser una mujer)” de Caitlin Moran en el Norma Jean Book Club, y tras leer el primer capítulo – I start bleeding! – me he acordado de algo y he decidido escribirle esta carta abierta a un personaje de mi pasado. Con todos ustedes:

Querido Cabronazo:

Sí, tú, el que grabó el vídeo conmemorativo de la boda de mi hermana.

Gracias. Gracias gracias gracias.

Tenía yo trece años y estaba en medio de mi primera menstruación. Qué oportuno momento para una niña, combinar “ese gran desconocido” con esos días en que la protagonista es otra, todo el mundo está de los nervios, nadie tiene tiempo para nada y tú tienes que ingeniártelas para ir requetemona con aquel conjuntito, mantener los calcetines limpios y a la altura adecuada, sonreír, ser amable y no meter la pata delante de una audiencia compuesta de un 25% familia que conoces, otro 25% de familia que no recuerdas, y ese encantador 50% de gente que no has visto en tu puñetera vida y quiere saber “de quién eres”.

Estaba muy incómoda, llevando por primera vez entre mis piernas una de aquellas maxi compresas prehistóricas. Algo que con toda probabilidad tú jamás has experimentado. Y sí, pasaba mucho tiempo preocupada por ella, asegurándome de que estuviera en su sitio, reajustándola, recolocándola, porque no sé si entenderás que manchar mi vestidito en la boda de mi hermana era algo que me horrorizaba.

No fui del todo indiscreta; vamos, si alguien me vio no me lo hizo notar. Quizás me vieran una vez y lo dejaron estar. Era solo el gesto tonto de una niña.

Pero tú no. Oh no. Tú nos vigilabas a todos, oh gran profesional de la cámara, ese era tu trabajo. Y en un derroche de profesionalidad me perseguiste por toda la sala y me grabaste, vete a saber cuánto tiempo y pensando en qué. En el vídeo final dejaste como unos cinco minutos de primeros planos de mí por la espalda, haciendo ese gestito de recolocarme las bragas.

Qué profesional, repito. Qué divertido. Nos reímos luego un rato viéndolo, sí. Unos más que otros. Porque, ¿sabes qué? Adivina… ERA EL VÍDEO DE LA BODA DE MI HERMANA.

Eso era lo que contaba. Su boda. Ellos. La celebración. El amor eterno y tal y cual. No era el momento de hacerte el guay a costa de una niña de trece años. No era para joderme el recuerdo de ese día uniéndolo para siempre con “ese” momento, señalándome con el dedo delante de todos y echándote unas risas. Eso quedaba para ti, para ponerte el vídeo en casa con tus colegas y molar un rato largo, coolest of the cool, y luego con los años mandarlo a “Vídeos de primera”.

Pero nada, hijo, nos regalaste tus cinco minutos de fama con extrema generosidad, eso que te llevas. El vídeo en cuestión tengo entendido que terminaron borrándolo. Lástima, era una obra de arte. Me hubiera gustado volver a verme.

Pues eso, Cabronazo, que te den. Hasta nunca.

Bueno, y dicho esto , por favor, anímense a tomárselo a guasa un rato y reírse.

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