La esclerosis múltiple y yo

Pienso muchas veces en escribir sobre la esclerosis múltiple (EM) – cuyo diagnóstico oficial me acompaña desde 1999 –  y este artículo me ha hecho pensarlo una vez más. Me atacan esos momentos en los que me apetece compartir alguna información, experiencia o sentimiento. O todo a la vez.

Empiezo a escribir y al final siempre me detengo y abandono. ¿Por qué? Varios factores.

1.- No le interesa a nadie. Así, en general. A ver, yo no me hubiera puesto a leer nada sobre la EM de no estar afectada directamente. Me daba miedo, a lo desconocido, a lo incontrolable. Y creo mucha gente tiene ese mismo reflejo natural, una coraza de defensa que les mantiene alejados de la “negatividad” de una enfermedad crónica incurable. Ya escucho reacciones: “¡Sí que interesa!”… Sí pero no. Que no interese a nadie no debería ser un motivo que me detuviera, al fin y al cabo escribo de otras cosas sin importarme que sólo me interesen a mí, lo que me lleva al siguiente punto.

2.- ¿Por qué? Hay un millón de cosas más agradables, amenas, divertidas o interesantes en mi cabeza. ¿Por qué me iba a sentar a escribir sobre la EM?

3.- Escribir sobre la EM es abrir La Caja De Pandora. No sé lo que puede salir. Más miedo.

4.- Autocensura. Casi nunca consigo contar lo que de verdad quiero contar, porque me callo las cosas que creo que van a hacer daño a las personas que me quieren. Porque cuando tienes EM aprendes a proteger a los demás de lo que te está pasando. A la misma vez, una parte de mi tiene ganas de soltar ahí afuera muchas cosas, aunque sienten mal.

5.- La comunidad de EM. Porque es una responsabilidad. Y mi EM es bastante benigna, y cuando comparo mis problemas con los síntomas y problemas de otros afectados, me da hasta vergüenza. Ya sé que mi historia es mi historia y tengo tanto derecho como cualquiera a contarla, pero ahí está ese sentimiento.

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