Grace

… Me vino a la memoria un incidente con Marco Antonio (*) en su casa, aquel día, antes de que pasara todo, antes de que nos enrolláramos. Me refiero al momento en que él me puso el disco de Jeff Buckley. Mentí. No tenía ni puta idea de quién era Jeff Buckley. Dije que sí. Dije “es que no caigo ahora en su nombre”. Dije que me gustaba. Eso sí era cierto, lo mío con Buckley fue amor a primera escucha. Pero él ya había muerto, y yo no sabía ni quién era. Marco Antonio me dijo que a Cleopatra (*) no le gustaba, que le parecía que chillaba mucho, que era un histérico, y yo me reí con una risa de pedantilla y dije “¿pero qué dice? ¡si es dulce como la miel!”. Eso dije, aunque te resulte difícil de creer. Él se rió. Se rió igual de pedante que yo. Me pareció que se había dado cuenta de que intentaba despreciarla.  A él le gustaba Buckley, y a mi me parecían ya exquisitos los dos. Pero yo no sabía quién era Buckley. Y Cleopatra era sincera, burda, pero sincera. ¿Quién era más despreciable? Probablemente él no se diera cuenta de nada de eso, eso son sólo mis paranoias. Pero recordando todo esto pensé: “¿Y cuando le pusiste a Cleopatra el disco de Buckley?”. Buena pregunta…

(*) Hace unos cuantos años ya de esto… Algunos nombres han sido ficcionalizados.

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