Destornilladores

Aviso. Este es un post personal y una cortada de rollo. Si no te apetece, no sigas.
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Estaba aquí sentada pasando el rato, tomando una cerveza y jugando un sudoku, pensando que tras esta partida me iba a poner a escribir en algo que tengo a medias, cuando de pronto me vino un recuerdo a la cabeza.

No es que no me visite este recuerdo, la verdad es que nunca me abandona. Es parte de quien yo soy.

Una vez, a mis veintipocos años, cuando trabajaba con y para mi padre, me encargó que fuera a comprar unos metros de cable y unos enchufes para hacer un alargador, y me dijo que le dijera al de la ferretería que me hicieran ellos el alargador. Yo pensé que el de la ferretería donde me habia enviado me mandaría a tomar por saco si le pedía que me hicieran el alargador, que me dirían que ellos vendían el material pero no podian hacer el trabajo, así que tras comprar el cable y los enchufes, me fui a toda prisa a unos grandes almacenes y compré un juego de 5 pequeños destornilladores y unas tijeras, y me senté en las escaleras del centro comercial (no sea que me viera alguien conocido en la calle) a pelar el cable con mis tijeras y a montarlo en los enchufes con uno de mis destornilladores, a toda prisa, y a toda prisa volví a la oficina y le di a mi padre el alargador, que lo aceptó sin ponerle pegas y lo probó. Funcionaba. Qué alivio…

Si has leído esto, no sé qué puedes estar pensando ahora. Puede que pienses, menuda gilipollez. Podías haberle dicho a tu padre “Papá, el de la ferretería no me va a hacer un alargador”. Podías habérselo pedido al de la ferretería, seguro que te lo habría hecho. Bueno, a lo mejor no te lo habría hecho, pero ¿y qué?. Vuelves, le dices a tu padre que no te lo han hecho y punto.

Durante años yo misma repasé esas otras posibilidades, esas cosas que podía haber hecho y dicho, y no hice ni dije. Pensé, ¿qué tonta, no? Menuda gilipollez.

Pero al final un día me di cuenta, en esta y en mil pequeñas gilipolleces como esta, de que no importaba. De que daba igual. De que lo de menos era si yo era gilipollas o no. De que lo único importante era que yo había preferido comprar unas tijeras y un juego de destornilladores, cosas que todavía conservo, y sentarme en las escaleras de un centro comercial a montar un alargador, antes de contrariar a mi padre.

Y me hubiera encantando que hubiera una persona, una sola persona, a la que esto no le hubiera parecido una gilipollez, incluyéndome a mí misma. Sorry, Cris.

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